All the shit we gotta take

Este pasado fin de semana me invitaron a una jornada de puertas abiertas en Bélgica. La empresa matriz, un grupo industrial Vasco, había desplazado buena parte del comité directivo para el evento;  el presidente del grupo también estaba presente. Un amigo y ex compañero de trabajo en una firma de consultoría, era el organizador y mi anfitrión particular. Era un día soleado y la actividad social se desarrollaba en el exterior, en una explanada que daba acceso a la zona de expediciones.

Nada más llegar, con las presentaciones pertinentes, fue cuando lo noté. No sé bien qué lo provocó, puede que el apretón de manos y la breve conversación con el director financiero o la mirada y las preguntas exclusivamente respecto a mi status profesional del presidente del grupo… quizás fueron los codazos y los movimientos de ballet de cada ejecutivo para estar cerca del director general. En eventos así, hay que aprovechar bien las oportunidades para charlar, impresionar e intimar con la élite. Tienes que estar visible, es un día de trabajo, no tiene que confundirte el ambiente distendido y la cerveza Belga. Habiendo estado muchas otras veces en escenarios similares, me debatía internamente para elegir el rol adecuado a la situación. Un día natural (relajado) estaba convirtiéndose en un día artificial, calculado (estresante).

Hasta que me di cuenta: el límite era no dejar en mala situación a mi amigo (otro de los ejecutivos) tenía que limitar las conversaciones críticas y de tú a tú con los demás, que en ciertos ámbitos pueden “incomodar”. Sin franquear ese línea tenía mucho campo para ser yo mismo, mi objetivo una vez tomadas la riendas de la situación. Aunque me hubiera gustado contestar al director financiero un par de comentarios sobre “los Belgas”, no lo hice e invertí el tiempo en mí. En recordar la disciplina, y aplicar las leyes de la transformación personal. Eliminé la carga que las expectaciones de los demás me provocan, para concentrarme en la mías. Siempre he estado incomodo en situaciones sociales como esta, la diferencia hoy era que no me importaba esta incomodidad, la aceptaba, así como la exclusión correspondiente. Me convertí en un observador esperando una conversación interesante con alguien original (lo cual llegó más adelante). Acepté quien era y me sentí libre.

En la firma de consultoría donde mi amigo y yo coincidimos, en un momento de mi carrera tuve que coordinar un grupo de 8 personas: 8 Franceses, en Paris, un año y medio. Fueron días de estrés y esfuerzo personal al límite; eso se esperaba de mí y tenía que estar a la altura. Aun yendo contra mi condición personal. Yo soy un analista, alguien que naturalmente (por lo tanto sin estrés) desentraña un problema e identifica variables que afectan a la toma de una decisión. Y alguien que trabaja principalmente solo. Mis dotes comerciales son limitadas, no sé motivar a la gente. Todo esto es lo que no soy. Siempre he mentido en las entrevistas de trabajo: no soy un trabajador en equipo. Puedo hacerlo artificialmente (con estrés) pero naturalmente trabajo solo. Hace poco tiempo que he aceptado esta condición, no es fácil.

Antes de comer, el presidente del grupo micrófono en mano, lanzo un discurso a los trabajadores mil veces oído. Era artificial y falso, pensé que probablemente hacía  tiempo que esta persona se había perdido, era mayor y no sabía ni buscaba ya cuál era su condición. Viniendo de una familia con esa larga tradición industrial, las expectativas ajenas no le han dejado demasiadas alternativas.

Para ese momento el speech era un ruido de fondo, yo estaba riendo con un grupo de personas con mono de trabajo azul, en un ambiente natural.

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2 respuestas a All the shit we gotta take

  1. crashoil dijo:

    Muchas gracias por todos tus post, llevo un par de días leyendolos y me han encantado, no dejes de escribir, que ya estoy esperando el siguiente…

    De nuevo muchas gracias y un saludo.

  2. Unai Gaztelumendi dijo:

    Gracias por el feedback crashoil

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