Andrew Jackson y su lucha

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En un tiempo lejano, había dirigentes que cometían la osadía de hacerse las preguntas importantes y ser consecuentes con las respuestas. Su terreno de juego no se componía de las migajas dejadas por un Banco Central; la política monetaria y fiscal iba más allá. Lógico para alguien cuyo objetivo es el bien común y entiende el mercado como mecanismo determinante de precios, motor de la economía y prosperidad.

Eran tiempos de Thomas Jefferson y especialmente Andrew Jackson. El último libro que he leído sobre las guerras abiertas entre intereses bancarios y gobierno (cuando todavía el segundo no había sido absorbido y era una marioneta de los primeros) se titula Andrew Jackson and the bank war.

Sueñas y te deprimes a la vez al leer los debates entre senadores sobre la idoneidad de un banco central, sobre los beneficios y peligros de una moneda fiduciaria, sobre unas elecciones (las de 1832) que giraban en torno a la abolición del BUS y su poderoso presidente Nicholas Biddle. Hoy en día, todo esto esta inculcado en nuestra psique como una ley natural, no vemos más allá de un Banco Central y de la posibilidad de que la/s moneda/s pueda ser emitida/s por alguien diferente.

Banco Central-Gobierno-Moneda tiene la misma fuerza en nuestro cerebro que endeudarse-consumir-trabajar. Solo unos pocos salen de estos esquemas.

¿Cuánta gente hoy en día entiende esta frase y sus consecuencias?

“Give me control of a nation’s currency and I care not who makes the laws”. Mayer Amschel Bauer Rothschild

Andrew Jackson la entendía.

Tengo que ser justo y decir que parte de su lucha derivaba de una personalidad impetuosa, era un antiguo General del ejército que no evitaba un duelo ni admitía posiciones contrarias a su orgullo. Además de justicia (era juez), sus motores en esta particular lucha fueron también el vencer, el poder con un enemigo poderoso. El no admitir adversarios contra su ego. Estabas con él o contra él.

Y siendo más justo todavía, su experiencia personal (anterior a su vida política) con el crédito, el papel y los certificados fue ruinosa. Una operación de venta de unas tierras, mediando una garantía fiduciaria casi acabó con su fortuna. Y sin duda esto influyó en su postura sobre el papel y la emisión de cualquier otro sustituto del oro y plata.

En su primer mandato como presidente de EEUU, heredó un Banco Central, que aunque diferente a la FED actual, era también una corporación privada que interfería en la vida pública. Hizo de su abolición (no renovar el “charter”) el primer objetivo de su carrera política. El partido Republicano, liderado por Henry Clay estaba totalmente en contra, incluso facciones de su partido Demócrata también, pero su gran carisma, determinación y apoyo electoral incondicional (mucho electorado le votó aún estando en contra de abolir el BC) pudo más. Arriesgó su reelección al convertir la campaña en un “BC sí o no”, en vez de negociar “modificaciones” en la constitución del Banco y no crearse enemigos. Y hubo momentos en la campaña en la que todo hacía aguas, luchaba contra un partido Republicano sin problemas de fondos provenientes del BUS y su presidente Nicholas Biddle.

Este periodo de comienzos del s XIX es muy interesante, recomiendo a todos leerlo. Pero me gustaría ir más allá de los hechos históricos. Me gustaría hacer un análisis sobre las armas de un Banco Central, sobre el poder de distorsión en una economía en funcionamiento. Sobre la influencia de “algo” creado, externo al mercado y a las personas, que hoy rige totalmente nuestro día a día, en toda transacción económica.

Y para esto, necesitaba ir momentáneamente al pasado, a esa época. Ya que hoy, gobierno y Banco Central es uno solo, no hay lucha. Los agredidos somos nosotros, Andrew Jackson no es Obama, somos tú y yo. Los bandos han cambiado y la guerra es más difusa, más difícil de analizar aun siendo la misma. El pasado es más claro:

Andrew Jackson fue reelegido en 1832, pero lejos de terminar ahí la guerra, fue cuando empezó. El Banco Central y Nicholas Biddle atacaron con todo lo que tenían.

El 7 de Octubre de 1832 Biddle y el consejo del BC, en una reunión extraordinaria, decidieron su estrategia: colapsar la economía, provocar una recesión para enfrentar a la población contra A. Jackson, su presidente. Limitaron los préstamos dramáticamente, redujeron al máximo el descuento de letras y la liquidez, y provocaron el pánico en el mercado. El estrangulamiento vino en el peor momento ya que el tejido empresarial en EEUU estaba en plena expansión. En 2 meses se redujeron prestamos por $5,5 Millones y en los siguientes 5 meses $18Millones, mucho dinero en aquella época. Un país, una economía, los ciudadanos, son utilizados para servir los intereses de una determinada élite.

Una de las preguntas que este episodio debe provocar en nosotros es: ¿Por qué un Banco Central debería tener el poder de influir en el mercado? ¿Por qué hay algo que puede alterar a las personas, que crean empresas, compran, venden, se relacionan libremente, viven…? No solo existe alternativa sino que siempre ha sido así en la historia de la humanidad: los Bancos Centrales son recientes (el Banco de Inglaterra es la excepción y hasta hace 80 años se regía por un patrón oro que limitaba sus movimientos).

¿Por qué algo media entre la persona y la moneda? ¿Por qué inflar artificialmente para luego sufrir en la obligada recesión posterior? ¿Para ofrecer “elasticidad” a la moneda dirían monetaristas y Keynesianos?

No tiene sentido. La mayor arma de un Banco Central es precisamente eso: la ignorancia generalizada sobre él.

Os dejo con otra frase de Henry Ford, ahora quizás la leáis con otra perspectiva.

“It is well enough that people of the nation do not understand our banking and monetary system, for if they did, I believe there would be a revolution before tomorrow morning.”

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