Mallorca

El pasado sábado nos invitaron a comer en Binissalem, un pueblo en el centro de la isla de Mallorca. Después de pasar el viernes en Valldemossa, con más encanto y sobre todo mucho más fresco (algo que busco en este periodo caluroso incendiario) fuimos allí algo desmotivados: tiraba de nosotros más que nada el compromiso, y quizás algo también la excelente pasta que prepara el anfitrión de origen Italo-Argentino.

Observando a un antiguo amigo, me di cuenta que era alguien que no valoraba si un plan era mejor que otro, los veía diferentes, sin escalas ni benchmarks. Lo mismo le veías en una fiesta en una casa ocupa que en la mejor discoteca de Madrid. Nunca se lo pregunté pero era sociólogo y quizás eso le influía, quería conocer. Me gustaría tener más este approach hacia la vida, sin expectativas, más permeable y abierto. Estoy en ello.

Sin duda este era el approach adecuado para la comida en Binissalem, ya que una vez allí, me di cuenta que no solo la pasta artesana era diferente a la convencional de supermercado, los comensales también. Big time.

Había 3 parejas además de nosotros y nuestros amigos Maggie –Jaume. Argentinos, Norirlandeses y Rusos. Después de trabajar casi dos años en Dublín, a finales de los 90 cuando las cosas en Belfast y Stormont eran duras, no había tenido la oportunidad que alguien me contara de primera mano la situación actual. Con ese acento Norirlandés característico. Hasta este sábado. Esa fue la primera sorpresa agradable, la que me hizo olvidar Valldemossa, un baño en el mar y una comida á quatre más íntima.

Y entonces sonó música de Tango y la pareja Ruso-Argentina empezó a bailar. En medio del salón. Ella ya nos había intrigado antes: la especial fijación de mi mujer con los ojos hizo imposible el no comentarlo: “¿Unai, has visto esos ojos? Son de Husky”. Era verdad, no solo el color azul transparente, sino la mirada pausada, mantenida contra la tuya sin sentir incomodidad alguna, natural, placida, de espacios abiertos. Sin prisa, acostumbrada a otra frecuencia temporal.  “¿De qué parte de Rusia eres?” “De Siberia”.

Bingo.

Y como me ocurre cuando algo me interesa, las conversaciones tienden a seguir un rol del que no sé salir: yo pregunto y el interlocutor contesta. Me olvido de compartir, escucho, una de mis especialidades. Y esta vez no podía parar.

¿Quién puede parar cuando descubres que en realidad su padre era Alemán? (Lo delató su apellido). ¿Cuando te cuentan que era militar y que lo deportaron allí? ¿Wehrmacht? ¿SS? ¿Stalingrado? Tanto que preguntar y tan poco tiempo. Mi cabeza a duras penas filtraba las preguntas que no podía hacer por demasiado intimas, luchaba por contenerme.

Y así llegamos a la pregunta convulsa: “¿pero tu madre era Rusa?” “bueno, es algo complicado…”  No entendía, era una pregunta de dificultad 1, en mi frenesí y afán por saber había llegado en anteriores al 9. Quería verificar el origen genético de esos ojos, no eran de Frankfurt. “Nací en una comunidad Menonita”

Ahí ya paré. Tenía suficiente para investigar en los próximos 3 años. Me estaba estresando.

Mallorca tiene esto, especialmente en verano: no sabes lo que un avión puede traer a la isla.

 

Semana con grandes datos macro: FOMC, GDP 2do trimestre y Non-Farm Payrolls Report el viernes. Sospecho que van a atacar al metal… estad preparados.

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Una respuesta a Mallorca

  1. aitor dijo:

    Por unos minutos has conseguido que deje mis tareas diarias y me traslade a esa comida contigo.
    Todo un placer.
    Gracias Unai

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